Mi primer mes de verano, o de no verano, comenzó el día 25 de junio en Galway, Irlanda.
Me fui allí como monitora, o como decían allí, group leader (¿a que mola más?) de un grupo de estudiantes, o de no estudiantes.
Yo adoro Irlanda, soy una pesada pero me da igual, me encanta ese país, la gente, los paisajes, las cervezas, las ovejas, las vacas, la música, las tiendas, la ropa, en fin... todo (menos el tiempo) aunque no me quejo.
Bueno la cosa es que casi no he tenido tiempo para aprovechar todo lo anteriormente escrito, pero bueno, no he parado ni un momento lo cual es bueno, si, pero no se... me hubiera gustado haber podido disfrutar más a mi bola sin tener que estar pendiente de algunos de los niños maleducados que llevábamos en el grupo mi compi y, ahora amiga, Rocío y yo.
Aún así quiero decir que he cogido un montón de cariño a todo el grupo que a nuestro cargo estaba. Especialmente a un grupito de niñas de las que me acuerdo mucho todos los días, desde luego, eran adorables.
Ahora estoy en España y me encuentro super desubicada en plan: ¿hay que llevar abrigo?, ¿se cena ya?, ¿dónde está Rocío?...
Estoy un poco ñoña en el sentido de echar de menos, sobre todo a la gente de mi casa (Rocío y Cheli principalmente) y el matrimonio irlandés adorable que nos acogía en su casa: Meta y George. De los chicos también me acuerdo pero creo que no llegamos a pasar el suficiente tiempo juntos como para conectar realmente.
El país por supuesto también lo echo mucho de menos pero no descarto el volver. Aunque no me gustaría para trabajar, sino para vivirlo por mi cuenta, con amigos y point.
Ahora que estoy aquí voy a aprovecharme al máximo de España: la familia, el sol, la playa, las amigas, los amigos, y la comida, sobre todo de la tortilla de patata que hace mi magma, la mejor del mundo (la tortilla y ella).
No hay comentarios:
Publicar un comentario